Los 72 minutos que horrorizaron al mundo

En el decimo aniversario de los atentados del 22 de julio, todavía quedan las marcas de una tragedia que cambió a Noruega, cuando un extremista de derecha asesino a 77 personas con una explosión en Oslo y en una masacre en un campamento juvenil, algunas de las víctimas eran menores de 15 años.


Una mujer herida es evacuada por rescatistas tras detonar un coche bomba en el centro de Oslo

Quién hubiera imaginado que el 22 de julio Noruega cambiaría para siempre. El país nórdico gozaba de un estatus de criminalidad baja en Europa y poco actos violentos que llamaran la atención del público. Como sus vecinos Suecia y Finlandia, es considerado un lugar tranquilo y pacífico, hasta que aquella tarde lluviosa del viernes el terror rompería la paz que la caracterizaba. 

Por esa razón el país no estaba preparado para el baño de sangre que estaba por desatarse a manos de un empresario que se hacia llamar en YouTube Andrew Breivik, que en venganza contra un gobierno que consideraba estaba guiándolos hacia un camino de perdición para Noruega y Europa, quería hacer un llamado de atención para el mundo.

Heridos son atendidos en centro de Oslo

A las 15:25 hs, una camioneta alquilada cargada con 950 kilos de explosivos fabricados a base de fertilizantes explota al pie de la torre que alberga la sede del Primer ministro, el laborista Jens Stoltenberg, hoy en día secretario general de la OTAN.

El saldo fue de 8 muertos y más de 200 heridos, dejando el centro de la ciudad totalmente destrozado. para desgracia del perpetrador, Stoltenberg se encontraba en su oficia a escasos kilómetros de allí, y la mayoría de los empleados ya habían terminado su jornada y se encontraban de regreso a casa.

Bomberos asisten a sobrevivientes en el edificio sede del partido laborista noruego

Sentado en el vehículo que estacionó lejos para huir, Breivik escucha en la radio que, al revés de lo que esperaba, la torre gubernamental de 17 pisos no se desmoronó.

Decide entonces activar la segunda fase de su plan.

¡Mueran Marxistas, todos tienen que morir!

A las 17:17 hs, siempre vestido con su falso uniforme de policía, desembarca en la isla de Utøya, unos 40 kilómetros al noroeste de Oslo, donde, como todos los años, cientos de jóvenes laboristas están reunidos para su campamento de verano.

Armado con un fusil Ruger y un revólver Glock semiautomáticos, recorre la isla y persigue a los jóvenes desamparados, de los que intenta ganarse la confianza presentándose como un policía que vino a protegerlos.

imágenes aéreas tomadas por un helicóptero de la policía

En la cafetería, en la cima de una pendiente, 13 personas caen bajo sus balas. Otros diez mueren sujetándose las manos en el “sendero del amor” que bordea la orilla, y 14 más cerca de la bomba de agua. Breivik disparaba varias veces sobre sus víctimas, 56 de los 69 cuerpos encontrados en la isla tenían heridas de bala en la cabeza.

Comenzaría entonces una cacería humana por la pequeña isla. Tenían todas las de perder, pues no había lugares donde ocultarse de forma segura, sus ropas eran llamativas y se veían la distancia. A muchos les traicionaba el pánico y entraban en una crisis nerviosa, por lo que el extremista solo debía seguir los llantos y los gritos de terror.

muchos intentaron sobrevivir escondiéndose en la ladera de la isla, algunos no lo lograron.

Por cada persona que caía presa de sus tiros, vitoreaba y celebraba gritando: “¡mueran marxistas!”.

La pesadilla duró 72 minutos, hasta que fuerzas policiales llegaron a socorrer a los jóvenes y detener al asesino, quien se entrego sin resistencia luego de afirmar que su operación había concluido.

De los 564 participantes del campamento de verano, 67 murieron por disparos y dos por una caída o ahogado. Además 33 resultaron heridos de bala. La mayoría de las víctimas tenían menos de 20 años: la más joven cumplió catorce apenas cinco días antes.

El perpetrador fue identificado como Anders Behring Breivik, descrito por la policía de Noruega como un fundamentalista cristiano, nacionalista y militante fascista. Graduado en la Escuela de Comercio de Oslo, era un ferviente defensor de la lucha contra el multiculturalismo, el marxismo cultural y el islam.

Anders Breivik hace el saludo fascista al inicio del juicio de apelación del proceso civil contra el Estado en enero 2017
 

El objetivo confeso de Breivik es provocar una ataque lo más espectacular posible, “un fuego de artificio” según sus propias palabras, para llamar la atención sobre su “manifiesto”, un documento de 1.500 páginas en el que detalla su ideología antimusulmana intitulado “2083, una declaración de independencia europea”. Gran parte de lo redactado sigue lineamientos con otros ensayos escritos por extremistas como Unabomber.

Breivik fue condenado en 2012 a 21 años de prisión, una pena que puede ser prolongada de manera indefinida mientras sea considerado una amenaza para la sociedad. Sin embargo su caso abrió un debate en la sociedad noruega sobre la cuestión de las penas consideradas muy suaves para casos como estos, ya que no existe posibilidad de reinserción en la sociedad.

más de 100.000 personas se reunieron en Oslo para conmemorar a las victimas

Los hechos ocurridos aquel 22 de julio serian un precursor para lo que el mundo sufriría durante toda la década, ataque de extremistas bajo la modalidad de lobo solitario.

Uno de los más mortales y escalofriantes fueron las masacres de Christchurch del 15 de marzo del 2019 en Nueva Zelanda, cuando Brenton Tarrant, un fascista islamófobo, entro armado hasta los dientes en dos mezquitas asesinado a más de 50 personas.

Todo el acto terrorista fue trasmitido en vivo por Facebook Live para sus seguidores.

Tarrant también había redactado un espeso manifiesto donde exponía un plan secreto de elites mundiales para “remplazar” a la raza blanca en un genocidio cultural y étnico.

Se cree que Tarrant habría recibido su “bendición” para perpetrar la matanza del mismísimo Andrew Breivik, a quien había contactado en foros de internet.

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