La escalofriante forma en que se descubrieron las caries

Algunos de los pacientes del hospital Vipeholm que fueron utilizados para el experimento.

Existen razones por las que, hoy en día, la actividad científica se encuentra regida por un estricto código ético. Una de ellas es, bueno, el objetivo de la ética en sí, pero además se debe a muchos de los experimentos perversos e injustificables que se llevaron a cabo en el pasado en nombre de la ciencia.  

Uno de ellos fue el que demostró que el azúcar deteriora los dientes. A diferencia de los años cuarenta y cincuenta en los que se efectuó, en la época actual ese experimento llevaría al investigador a la cárcel por unos cuantos años o, cuando menos, lo llevaría a perder su permiso de investigación, como un desdichado policía al que se le pide que entregue su arma. 

Imaginemos que nos carcome la sospecha de que es el azúcar lo que ahueca y deteriora los dientes, pero no contamos con evidencia sólida para demostrarlo. ¡Bien hecho! Somos uno más del montón de dentistas que en el año 1940 se encontraba en la misma situación. Ahora bien, ¿cómo podríamos afirmar con seguridad nuestra creencia si está basada en pruebas indirectas que solo a nuestros ojos parecen ser más que suficientes? 

Tendríamos dos opciones: 

A) Esperar a que la información se dé a conocer mediante algún proceso de estudio y recolección de datos (por ejemplo, una comparación entre comunidades con alto y bajo consumo de azúcar) y sumar esa evidencia a nuestra lista o 

B) Comenzar desenfrenadamente a volcar azúcar en las bocas de los niños de un hospital, como si de tierra en una pala se tratase, y sentarnos a observar los catastróficos resultados que intuimos ocurrirán. Teniendo en cuenta estos últimos, no está de más aclarar que estaríamos cometiendo un acto en absoluto consentido.  

De elegir la opción b) estaríamos de acuerdo con varios de los dentistas suecos del año 1945, quienes les suministraron azúcar en abundantes cantidades a pacientes con discapacidades mentales del hospital Vipeholm con total impunidad, ya que este accionar no estaba mal visto por la junta médica de la época. 

Una vez elegidos los sujetos de prueba, el estudio comenzó con un examen exhaustivo de sus dientes: los resultados mostraron que el estado de sus piezas dentales era mejor que el resto de la población sueca, probablemente por la baja presencia de azúcar en sus dietas. Durante la primera fase del experimento, se les suministró a los pacientes la mitad del azúcar total que se estimaba consumía un sueco promedio, junto con suplementos vitamínicos y fluoruros (una sustancia que protege a los dientes de las caries). Luego de dos años de observación, se encontraron caries en muy pocos niños. Hasta acá, todo parece bastante ético, ¿no? 

Lo que resulta inquietante es la segunda fase del experimento. Por un lado, a los niños se los trataba muy mal: se los encerraba para su estudio durante demasiado tiempo y se los obligaba a tomar duchas frías si no obedecían. Por otro lado, durante esta fase, comenzó a suministrárseles el doble del azúcar que un sueco consume en su dieta diaria, pero no a todos del mismo modo. Se dividió a los pacientes en tres grupos y se siguió un procedimiento distinto con cada uno:  

Durante las comidas, al grupo uno se le dio el azúcar sobre rodajas de pan, en cambio al grupo dos les endulzaron las bebidas con una taza y media de azúcar diluida. Al último grupo se le dio el azúcar entre las comidas en forma de chocolates, caramelos y otros dulces especialmente elegidos para que se peguen en los dientes de los niños. 

Eventualmente, el resultado del estudio fue el que todos ya nos imaginamos: en efecto, el azúcar deteriora los dientes, DEMASIADO. Se llegó a esta conclusión luego de encontrar 2 125 dientes cariados, de los cuales muchos casos fueron bastante severos. De hecho, casi la mitad de los niños tenían los dientes podridos por completo. 

Los horrores de este experimento son evidentes, sin mencionar que no se les proporcionó ningún tipo de tratamiento dental ni durante ni después de realizado el estudio, además de que los médicos pasaron por alto las condiciones de salud de los pacientes, a quienes un consumo tan excesivo de azúcar pudo haberles agravado afecciones previas, como la diabetes. Sin embargo, es gracias a este estremecedor suceso que hoy contamos con la evidencia sólida de los daños que ocasiona el azúcar en los dientes. 

Como dato curioso, pasó mucho tiempo hasta que esta información salió a la luz luego del estudio, debido, probablemente, a que la investigación fue financiada por la industria del azúcar, la cual se llevó un amargo disgusto al enterarse de los resultados. 

FUENTE: 

https://www.iflscience.com/health-and-medicine/the-vipeholm-experiments-how-scientists-learned-about-tooth-decay-is-right-out-of-a-horror-film/

https://edition.cnn.com/2019/10/30/health/swedish-cavity-experiment-wellness/index.html

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