LOS DINOSAURIOS, SEGÚN JURASSIC PARK

“Cuando el mundo tire para abajo, no quiero estar atado a nada…”

Charly García

Desde un unicornio perdido hasta el trap urbano, todo es agua para el molino del aprovechamiento politiquero. Basta con ver los spots publicitarios de las distintas campañas, donde desde los gestos y hasta los fondos, son parte de otra cosa, pero los argentinos ya no comen vidrio. Aunque mastican broncas y decepciones. Por ejemplo, las campañas de la izquierda. Donde ponen como fondo manifestaciones que involucran a otros partidos, pero los hacen como de ellos, para crear la imagen de multitudes a su favor.

Es tragicómico que la señal de la paz, se atribuya siempre a un gesto político. Y hasta las fotos con abrazos incluidos pasan a ser un álbum o un título de propiedad. Ahí comienzan las noticias falsas, los comentarios atribuidos a tal o cual persona. Siempre a favor del politiquero de turno.

Hasta la gente de bien, humildes asistentes a la feria de atrocidades de Facebook, se confunde.

Arman un Frankenstein con  retazos de mala información. Como si la letra de “Rap del exilio” bastara para etiquetar a un autor tan prolífico y sardónico, sin tener en cuenta el estribillo: “Vamo a bailá”, supongo que tendrán un conflicto en comprender “apolítico de izquierda”, gozando de los beneficios de la derecha. Ni hablar de “Cerca de la revolución”. “Y si mañana es como ayer otra vez, lo que fue hermoso será horrible después”.

Sospecho que la materia Comprensión de textos, muchos no la han cursado. Y no tienen por qué hacerlo, pero nadie ha muerto en el intento.

 “Cerca de la revolución” suele ser leída como una canción del retorno a la democracia en Argentina. No es nada casual que haya sido compuesta paralelamente a ese proceso histórico. Por un lado, se la lee como expresión de un cierto triunfo de quienes luchaban contra la dictadura, como parece creer el redactor o la redactora de la entrada de la canción en Wikipedia, que dice “‘la revolución’ puede leerse [en la canción] tanto literalmente, como bajo el significado de ‘la democracia’”. Y, por el otro, también se la lee como expresión de la desazón que sobrevenía con la llegada de esa democracia. El mismo o la misma redactora/redactor dice: “Futuro y pasado, belleza y espanto, entrecruzándose peligrosamente, vertiginosamente, sin seguridades sobre lo que vendrá”. Mara Favoretto, en su libro En el país de las alegorías. Un viaje por las letras de Charly García parece reiterar el énfasis puesto en la incertidumbre que transmite la canción.

“Queda claro que Charly sabe detectar el ambiente y marcar la temperatura de la sociedad post-dictadura. (…) Señala una sociedad dividida en la que Raros peinados nuevos suena como un manifiesto (…). Cerca de la revolución habla de esta misma confusión con mayor dramatismo (…). En unas pocas líneas Charly resume las referencias a la izquierda, el Peronismo, el exilio y la clase política que diluye la realidad con entretenimiento populista en forma de gran baile nacional y popular”. De Mara Favoretto, también confundida y confundiendo.

“Cerca de la revolución” apareció al finalizar la dictadura de Videla, una de las más cruentas de todas las dictaduras que instauró el Plan Cóndor en los años setenta en Latinoamérica. Pero ¿qué significa que Charly enfatice ese eterno “cerca” de la revolución en un momento en que la idea de “revolución” ya casi había sido neutralizada por la dictadura? Es decir, “Cerca de la revolución” tenía un significado muy distinto en 1984, cuando salió, que si pongamos hubiera salido en 1968 o 1972. En 1984 la izquierda continental, que unos pocos años antes aún estaba enardecida con la promesa de la revolución, ya para esa época había sido apaleada, torturada y vencida en casi todos los frentes de batalla. “Cerca de la revolución”, no es, me parece, una declaración de principios, sino que es ya una lectura nostálgica. Es, digamos, una de las primeras lecturas que entienden con lucidez el hecho de que había pasado aquello que los viejos marxistas sabían desde el inicio, que el capitalismo se alimenta de sus crisis y las absorbe en una eterna fagocitosis: “Y si mañana es como ayer otra vez/ lo que fue hermoso será horrible después”. Habida cuenta de lo sucedido con el Punk en Inglaterra, terminó en ropas vendidas por los más caros diseñadores.

La revolución, así, solo queda como una marca, como un “estuvimos cerca”, casi como un gesto que se inmortaliza en el registro de la memoria. En “Cerca de la revolución” la metáfora erótica es muy clara al respecto. Como en cierta economía amatoria, la posesión del objeto amado es imposible porque poseerlo significaría quitarle su cualidad erótica. Como a la mujer deseada a la que Charly no puede poseer, la revolución solo es atractiva cuando no se la lleva a cabo, porque, una vez que se la lleva a cabo, deja de ser revolución y se convierte en otra cosa. Contrariamente a lo que opina el redactor de Wikipedia, tanto en la canción como en la realidad misma, la democracia no representó la consecuencia de la revolución, sino, al contrario, representó su fracaso.

En forma personal, tenía siete años cuando sucedió el “mayo francés”. Y ya leía sobre la segunda guerra mundial y algo conocía sobre revoluciones. No solo estaban los diarios, sino también las bibliotecas. A los trece tenía encendidas polémicas con mis profesores, acerca de la línea entre el mal y el bien. Muy delgada línea, somos equilibristas sin red los que pensamos que todos los seres humanos (mucho más hoy) tenemos la posibilidad de discernir y equivocarnos. Somos el único animal con razonamiento como para reconocer nuestros errores y reivindicarnos. Y tenemos todas las posibilidades como para descartar las falsas noticias e investigar sobre lo que nos interesa.

Un coreano me dijo, alguna vez, que los peces tienen un 0,7 de coeficiente intelectual. Y se preguntaba cuál sería el coeficiente de los pescadores que no pueden atraparlo en su red o anzuelo. Más allá de la ironía del coreano, entendí que no se puede medir todo con la misma vara. Perogrulladas al margen, los que nos jactamos de haber leído y estudiado, hemos caído alguna vez en las redes de pescadores hábiles, lo cual no se identifica con inteligentes. Ni a nosotros como ignorantes. Toda adolescencia adolece de experiencia y conocimientos que conjugamos mal, cuando estamos en la red. Y, en esos años, creemos ser libres. El mono considera que el pez es ignorante, porque no sabe treparse a un árbol. Todos somos ignorantes de algo que está siempre más allá. Hay que ser humilde como para reconocer que todos los días podemos aprender algo nuevo. Y desaprender lo que proponen manuales y autores. Ni hablar de las falsas noticias y los falsos profetas. Los púlpitos son de barro. Los cuidados jardines de las casas más blancas esconden a los más encarnizados asesinos en serie y en serio. Los lobos se auto convencen que son, en realidad, ovejas. Para trasmitir sus mentiras que se basan en verdades a medias. “La única verdad, es la realidad”, la frase no me pertenece claro. Y la realidad nunca es la que hemos aceptado, cuando condice con nuestros pensamientos. La verdad es la coincidencia entre una afirmación y los hechos, o la realidad a la que dicha afirmación se refiere​ o la fidelidad a una idea.​ El término se usa en un sentido técnico en diversos campos como la ciencia, la lógica, las matemáticas y la filosofía. Claro que según el cientifismo moderno, hay muchas clases de inteligencia. Y ahí es donde la realidad, se compone de tantas verdades como seres humanos hay. Cada uno mirando a través de sus filtros diferentes. Se podría invocar la cuestión de “sobre gustos no hay nada escrito”, en contraposición Serrat escribió: “Cada loco con su tema, pero puestos a escoger…”

Se ha hecho demasiado largo este opúsculo, con perdón de los significantes. Y, aunque nadie lo lea, necesitaba expresarlo. Podría haberlo titulado: Cómo crear dinosaurios, a partir de un mosquito fosilizado. O haberme basado en los reptiles de animación que crean las grandes empresas hollywoodenses. Pero uno es un gorila de izquierda ¿vio? Y cree que algunos temas es mejor dejarlos para los que saben.

Para finalizar, por fin, recuerdo a Bob Dylan cuando le preguntaron si creía en Dios, contestó que él pertenecía al cristianismo, catolicismo, al islam, al judaísmo, al hinduismo, etc. Claro que hubo titulares donde lo rotularon como agnóstico. Es decir, siempre es más cómodo encasillar a alguien donde no joda. También me vino a la mente The Wall, verlo a Charly en el CFK fue como ver a Pink (Bob Geldof) cuando lo pinchaban antes que salga al ruedo.

Y continúo celebrando que Carlos Alberto García Moreno, haya nacido dentro de esta época.

©Jorge Milone   

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